Eduardo Ortiz Campa, Director de Pragmátika.
La reforma electoral que presentó la Presidenta Claudia Sheinbaum contiene implícita una paradoja política interesante: si la iniciativa no logra aprobarse, este resultado podría favorecer la posición de la Presidenta dentro de la coalición gobernante.
La iniciativa presidencial enfrenta tres escenarios posibles: que sea bloqueada y no se apruebe, que se apruebe con modificaciones o que se apruebe sin cambios. ¿De qué trata la reforma? ¿Se aprobará o rechazará? y ¿quién pierde y gana con ello? A continuación, exponemos algunas hipótesis.
En términos generales la reforma se articula en tres cambios: el primero, reducir en una cuarta parte el financiamiento de los partidos y con ellos quitarles poder económico y operativo. El segundo, cambiar el modo en el que se eligen las diputaciones plurinominales en la Cámara de Diputados y eliminar las senadurías plurinominales, es decir, quitarles poder político. Y el tercero, mayor fiscalización de las operaciones financieras de las personas candidatas y de los partidos, es decir, mayor supervisión sobre origen y destino de los recursos.
En la práctica, la reforma tendría el impacto de quitarles poder a los partidos aliados y debilitarlos. En términos políticos eso implica disminuir su poder de negociación dentro de la coalición gobernante de cara a lo que resta del sexenio, particularmente de los procesos electorales de 2027.
La iniciativa también propone ampliar los mecanismos de participación ciudadana, permitir el voto electrónico en las consultas populares y establecer la votación directa para las diputaciones plurinominales.
Y entonces ¿Se va a aprobar o rechazar la reforma? Para responder, hay que tener presente lo siguiente. Actualmente Morena cuenta con 253 votos en la Cámara de Diputados, sin embargo, aprobar una reforma constitucional requiere una mayoría calificada de 334 votos. Uno de sus aliados el PT (49 votos) se ha opuesto públicamente a la reforma y el PVEM (62 votos) ha dejado abierta la posibilidad de apoyar la propuesta y se ha distanciado de las opiniones individuales de algunos de sus correligionarios.
Incluso con el apoyo del PVEM pero sin los votos del PT o de otras fuerzas políticas, la reforma no pasaría. El escenario más probable de la reforma electoral es que no sea aprobada.
¿Quién gana y quién pierde si la reforma es bloqueada? Una lectura lineal, propondría como ganadores a los partidos que se oponen a la reforma, no obstante, creemos que mantener la Constitución sin cambios en materia electoral beneficia más a la Presidenta que a sus aliados, a continuación las razones.
Para el PVEM y el PT votar en contra de la reforma implica dos cosas: 1) mantener el statu quo y 2) auto desvincularse de una parte de la agenda presidencial, una especie de autoexilio que podría durar al menos hasta 2027 o incluso hasta 2030. Al alejarse de la agenda presidencial los aliados insistirán en que no rompen con la Presidenta, sin embargo, se autoetiquetan como opositores a la austeridad partidista y crean, en su contra, el pretexto perfecto para reducir la presión de negociación futura en la coalición legislativa y electoral.
La Presidenta, por su parte, habrá calibrado si requiere o no la mayoría legislativa durante el resto del sexenio, probablemente las reformas que más le interesaban ya fueron aprobadas. Entonces ¿Tiene sentido seguir compartiendo el poder? Considero que no, se acercan los procesos de definiciones electorales y entre menos concesiones tengan que brindarles a los aliados, menores serán los costos políticos para el partido gobernante.
Si la reforma no se aprueba, los partidos políticos aliados habrán logrado una victoria inmediata que hoy les beneficia, aunque al mismo tiempo se verán inmersos en la pérdida de influencia en el mediano y largo plazo. ¿Estamos ante el fin de unas alianzas y el surgimiento de otras? Está por verse.
