Alberto Ginez Altamirano, presidente del Consejo de Administración de Grupo Ginez, es un claro ejemplo de que la disciplina, la honestidad y la capacidad de asumir riesgos son ingredientes esenciales para transformar la vida y los negocios.
Su historia está marcada por un origen humilde y un camino lleno de retos, que supo convertir en la base de un emporio con presencia en 15 estados de la República.
Nacido en San Felipe Maderas, un pequeño pueblo de la Sierra Negra en Puebla, Alberto creció en un entorno de carencias, pero siempre con la convicción de superarse. A los 14 años salió de su comunidad para buscar oportunidades; sin embargo, la vida lo enfrentó pronto a la adversidad. La enfermedad, la falta de estudios y los empleos temporales parecían limitar su horizonte, pero su carácter decidido lo llevó a escribir una historia distinta.
El inicio de su trayectoria empresarial surgió casi de manera accidental. Tras ayudar a su hermana en la venta de cloro y pino en un triciclo, descubrió su habilidad para el comercio y la pasión por generar su propio camino. Muy pronto, la disciplina en el trabajo y la capacidad de arriesgarse le permitieron consolidar un pequeño negocio que, con los años, se transformó en Grupo Ginez, hoy con 47 sucursales en toda la República y un crecimiento constante.
Su mayor fortaleza, asegura, es no temerle al riesgo: “Me gusta tomar muchos riesgos; si las cosas no resultaban, lo peor que podía pasar era regresar al triciclo, y eso nunca me dio miedo”. A esta visión, suma un valor que lo acompaña en cada decisión: la honestidad. Un principio aprendido en su familia y que, a lo largo de su vida, ha replicado en sus relaciones personales, empresariales y comerciales. Para él, ser honesto no es negociable: es la llave que abre puertas y la base de la confianza.
Hoy, con más de dos décadas en Pachuca y una vida marcada por el esfuerzo, Alberto Ginez Altamirano se define como un empresario que cree en la disciplina y en el emprendimiento como herramientas para combatir la pobreza. Su mensaje es claro: “Los negocios son un antídoto contra la miseria. Emprender siempre vale la pena; fracasar no es el fin, es parte del camino”.
“El éxito no depende del punto de partida, sino del valor para arriesgarse y la honestidad para sostener lo logrado.”