¿IMPORTA LA EDUCACIÓN EN MÉXICO?

La educación en cualquier parte del mundo es pilar fundamental de desarrollo y su calidad siempre nos hablará de la importancia que los gobiernos le dan y del progreso económico respectivo, pero a pesar de que siempre está al servicio de la economía y del modelo económico en vigor, refleja también las crisis estructurales de cada país y del subdesarrollo, como el caso de México.

Al ser México un país cuya actividad productiva no está enfocada al desarrollo industrial ni al sector primario, al de los alimentos (agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca), sino al sector terciario (que suma casi 39 millones de la Población Económicamente Activa, el 65%): comercio 19.6%, restaurantes y servicio de hospedaje 8.5%, transporte y comunicaciones 5.9%, (el porcentaje restante en servicios financieros y sociales), la educación y las diferentes carreras universitarias están enfocadas en este sector y, otra parte, en la industria manufacturera (15.6%), es decir, en preparar mano de obra calificada.

Así, la educación en México no está preparando ni grandes científicos ni importantes pensadores, pues al ser nuestro país un exportador manufacturero, no se considera prioritaria ni la investigación ni la creatividad productiva en todos los sectores (recordemos que no pudimos fabricar una vacuna contra el Covid-19). Asimismo, al contentarse la clase industrial con importar tecnología de punta, pues al final, su utilidad sigue siendo alta al explotar despiadadamente la mano de obra de los trabajadores, no incentiva ni invierte en educación científica de alto nivel; se olvida, ante el afán de ganancia, que una economía menos industrializada suele tener menos capacidad para aumentar salarios y productividad y condena al subdesarrollo y a la dependencia tecnológica al país.

Y precisamente porque al gran sector económicamente poderoso, responsable de incentivar la planta productiva, no le importa hacerlo, o bien tiene cubierta su demanda con las universidades de élite privadas; esas sí que son exigentes con el alumnado, pues allí sí les interesa que este aprenda y se vuelva disciplinado y que logre una auténtica preparación científica y profesional, y aunque tenemos universidades públicas muy reconocidas, estas son un grano de arena en el mar de los millones de jóvenes que son víctimas de verdaderos fraudes educativos encubiertos, por ejemplo con semestres de tres meses, con carreras técnicas cortas para que pronto se incorporen al mercado laboral, o bien, en la educación de nivel básico o media básica, donde al profesor se le tiene prohibido reprobar al alumno, aunque este no haya asimilado ni lo elemental de su curso (además es una verdadera falta de respeto al profesor, a su autoridad).

De esa manera, con centros educativos que no educan, que no enseñan y con las políticas educativas gubernamentales cada día más laxas, donde lo que menos importa es la educación del niño o del joven (como ejemplo tenemos la “Nueva Escuela Mexicana”) permiten e incentivan el rechazo al estudio y a la disciplina por parte del estudiante, y así forman un profesionista poco o nada preparado que se dará de topes con la dura realidad laboral. Dichas prácticas educativas, donde el sistema mexicano hace como que educa y los alumnos como que aprenden, traen como consecuencia subdesarrollo tecnológico y económico y sometimiento ideológico.

Si a lo anterior se agrega que hoy la inmensa mayoría de niños, jóvenes y adultos, se han vuelto adictos a los teléfonos “inteligentes” y, por lo tanto, los niveles de manipulación ideológica se han potenciado; además la precariedad de todo lo necesario para vivir dignamente y para tener las condiciones elementales para estudiar en los propios centros educativos como en los hogares, así como la necesidad de que los jóvenes estudiantes trabajen para ayudar al gasto familiar y el incremento del consumo de estupefacientes, todo esto hace que los resultados obtenidos sean simplemente catastróficos: “…el puesto 120 de 139 en calidad general del sistema educativo, el puesto 120 en calidad de la educación primaria y el puesto 128 en calidad de la enseñanza de matemáticas y ciencias …”, todo esto a nivel mundial.

Todo esto deriva en una tremenda crisis de aprendizaje, pues “solo 5 de cada 10 estudiantes comprenden lo que leen, y apenas 3 de cada 10 pueden resolver problemas matemáticos básicos” y trae consigo también una profunda desigualdad en el acceso a la educación, ya que solo 28 de cada 100 personas que ingresan a la primaria terminan la universidad. Podemos concluir, pues, que es grande el desdén de las autoridades y poca la importancia que conceden a la educación.

Analizando los datos, nos percatamos del gran rezago educativo que existe en México, y vemos también la poca importancia que se concede a la educación en propuestas tales como acortar el ciclo escolar por el mundial del futbol; también en los recortes presupuestales que se hacen al sector educativo, mientras vemos obras faraónicas como proyectos fundamentales de desarrollo o bien construcciones millonarias de edificios públicos mientras miles de escuelas carecen de lo necesario para llevar a cabo su labor de manera más eficiente.

En el diseño de la estrategia educativa, no podemos escapar a la ley de que el motor de desarrollo está en los avances científicos y tecnológicos, y estamos obligados a aceptar que “en que todos aquellos países que no quieran o no puedan desarrollar un esfuerzo sostenido y suficiente en este terreno, estarán condenados al subdesarrollo, a la pobreza de sus habitantes y a la eterna dependencia y explotación colonial de los países poderosos y científicamente desarrollados”.

Como lo ha señalado Antorcha a través de su voz más autorizada, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, líder nacional del antorchismo, “México es un país pobre (no de recursos humanos y materiales, naturalmente), rezagado económica, social y culturalmente, que está requiriendo, por tanto, un profundo cambio en todas las políticas nacionales con vistas a corregir errores, a enderezar los rumbos y acelerar el paso, para lograr una plena y verdadera justicia social (que tiene que comenzar con una verdadera justicia económica) para las grandes masas populares, obreras y campesinas de nuestro país… El verdadero espíritu revolucionario exige, en estas condiciones, que todo el sistema educativo nacional, y la educación superior en particular, se sumen a esta tarea con autenticidad, con patriotismo y con altura de miras”.

Pachuca, Hidalgo, a 23 de mayo de 2026

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