ESTADOS UNIDOS: DEPORTACIONES Y DESCOMPOSICIÓN SOCIAL

Pachuca, Hidalgo, a 4 de febrero de 2023

De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas, de la Secretaría de Gobernación, entre enero y noviembre de 2022, fueron devueltos de Estados Unidos a México 6 mil 42 hidalguenses; y la Secretaría de Desarrollo Social de Hidalgo informó que, de acuerdo con el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, hay 426 mil 800 hidalguenses en Estados Unidos, casi medio millón. También las instituciones encargadas nos informan que el año 2022 las remesas en México alcanzan un récord histórico de 58 mil 497 millones de dólares, y que en Hidalgo registraron un aumento del 29 por ciento, y a nivel nacional del 13.4, respecto al año

Así, el ingreso de dinero proveniente del extranjero se ha convertido en uno de los principales salvavidas de millones de familias ante la crisis agudizada en estos últimos años, y, también, del propio gobierno mexicano. Sin embargo, a pesar de este aumento que tiene una racha de 32 meses consecutivos, se nos advierte que: “Ante un fenómeno migratorio hacia Estados Unidos que sigue en ascenso y con una economía nacional apenas alzando cabeza, los pronósticos apuntan a que las remesas seguirán creciendo, sin embargo, analistas como Gabriela Siller de Banco Base, apuntan que debido a una desaceleración en EE. UU. los envíos de dinero también ralentizarán su aumento al pasar del 13.4 del 2022 a solo 7.5% en 2023 para ubicarse en 62,876 millones de dólares.”(El País, 1 de febrero de 2023).

Además de esta desaceleración en Estados Unidos, de su propia crisis económica que está en marcha, de su creciente pobreza, se presentan otros fenómenos como muestra palpable de que su sistema socioeconómico está haciendo crisis. A la otrora gran potencia se le están minando sus pilares, como lo hacen las olas del mar con un montículo al que diariamente arremeten; las propias contradicciones del sistema neoliberal, la principal, la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la propiedad, y, como resultado ineludible, la concentración de la riqueza en unas cuantas familias multimillonarias, están cobrando factura. Por eso, a pesar de ser, después de la Guerra Fría, el país que se ha considerado dueño del mundo, de su población, de sus riquezas y hasta de sus
culturas, hoy enfrenta una descomposición social que refleja precisamente cómo el sistema capitalista gringo se empieza a desmoronar. Veamos solo unos ejemplos de los muchos que existen:

De acuerdo con datos oficiales, EE. UU. enfrenta una crisis de salud mental: “… cada año, 46 millones de estadounidenses padecen enfermedades mentales. Solo el 41% recibe ayuda, y en este por ciento está incluido principalmente el sector adinerado”. La misma nota agrega, además, que la causa principal está en la pobreza: “La pobreza es una gran productora de problemas de salud mental. Si estás constantemente preocupado por si tendrás suficiente dinero para pagar el alquiler, la comida y el transporte -y vives en una parte de la ciudad que es más ruidosa, tiene menos recursos, está excesivamente vigilada y tiene escasos espacios verdes- la mayor parte, si no es que toda, tu energía se destina a la supervivencia […] Tu respuesta al estrés se activa constantemente”, afirma Sharon Lambert, profesora de psicología aplicada del University College Cork (Irlanda). (Cuba sí, 24 de enero de 2023)

En resumidas cuentas, mientras siga existiendo una desigualdad en el acceso a la educación, la atención sanitaria, el cuidado de los niños y la vivienda asequible en ese país, habrá demasiadas personas en situación de pobreza que padezcan enfermedades mentales prevenibles. Y otra gran pandemia que está enfrentando EE.UU., que puede ser más mortífera que el Covid-19, son las drogas: “Según las estadísticas, casi 107 mil estadounidenses murieron como resultado de una sobredosis en 2021, lo cual supone un aumento del 16% si se compara con las casi 92 mil personas que perdieron la vida por esta causa en 2020. Entre las principales sustancias a las que se le atribuyen estas cifras se encuentra el fentanilo, un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más que la morfina” (RT, 23 de enero de 2023). Estamos hablando aquí sólo de las víctimas mortales, no de la enorme cantidad de drogadictos existentes en ese país.

Asimismo, los tiroteos masivos que van en aumento, son también muestra irrefutable de esa descomposición social: “Entre 2014 y 2019, EE.UU. promediaba 348 tiroteos masivos por año o menos de uno por día. En 2020, esta cifra saltó a 611 y luego alcanzó 690 en 2021 y 647 en 2022, promediando 1.8 por día.” Y nos señala agudamente que “… entender los tiroteos masivos no es fundamentalmente una cuestión de motivos individuales. La violencia a un nivel masivo es un fenómeno social, y los fenómenos sociales requieren explicaciones sociales. ¿Qué le sucede a la sociedad estadounidense que produce estos sucesos?” El mismo articulista da la respuesta a esta interrogante: “… La desigualdad económica extrema ha alcanzado nuevas cotas, y los más adinerados acaparan casi todo el crecimiento de la riqueza y los ingresos […] El drástico aumento de la inflación ha socavado los salarios y disparado el coste de los alimentos y la vivienda. Ahora, miles se han quedado sin trabajo en medio de una ola cada vez mayor de despidos…”(Niles Niemuth, wsws, 26 de enero de 2023).

Así se vive hoy en Estados Unidos; además, la crisis migratoria permanente y la deportación diaria de connacionales está volviendo cada día mucho más peligroso, por un lado, arriesgarse a cruzar la frontera, pero por otro, vivir en ese país. Así que, los mexicanos debemos pensar dos veces si seguimos aceptando que nuestros hijos se vayan a buscar “el sueño americano”, porque el riesgo de perderlos por siempre es muy alto; y, ciertamente, tampoco tenemos muchas salidas en nuestro país, que padece también la gran crisis económica por la nula distribución de la riqueza que se produce, el desempleo y la pobreza, pero somos nosotros, los propios mexicanos los que podemos cambiar y transformar nuestra patria en una que alimente, eduque y garantice una vida digna para todos.

Por: Guadalupe Orona Urías

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